29th Apr 2007
Casa en un huerto de ciruelos (Plum Grove House), por Kazuyo Sejima
[Maqueta presente en la exposición de SANAA en el Musac]
La autora comenta:
“Tanto Moriyama House como Plum Grove House (casa en un huerto de ciruelos) son proyectos muy particulares, y es muy difícil sacar conclusiones generales de ellas. Estoy interesada en la creación de los límites. Empecé hace veinte años y siempre intento hacer tipos diferentes de límites. A veces utilizo espacios intersticiales que rodean el edificio, en el caso del onishi se establecen diferentes relaciones con el paisaje y con el edificio contorneado dependiendo de dónde te encuentres. El espacio ofrece así sensaciones diferentes, a veces te sitúas aquí y puedes sentir que estás casi implicado en el otro lado. Me gusta pensar en los límites en todos los proyectos, no en límites sólidos sino en las conexiones.”
“Esa actitud reposada y sencilla está en mi arquitectura, pero es igual de importante para mí que posea fuerza. No al estilo Frank Gehry, imponiéndose, sino de una forma más sutil y atrevida; más personal. Creando atmósferas llenas de sensaciones intensas. El objetivo de mi arquitectura es proporcionar a cada individuo su espacio autónomo. Mi idea de la belleza está en los detalles que generalmente se pasan por alto, en lo apenas visible”
“Me gusta jugar con la luz y las sombras; es un elemento arquitectónico como cualquier otro, pero eso no implica que el objetivo de mi arquitectura sea buscar la luz ni la ligereza. Lo importante para mí es conseguir una gran libertad de movimiento, una comunicación fluida entre interior y exterior. Y a la vez, una fuerte intimidad.”
“Nunca pienso si lo que hago es japonés o no, pero mi socio y yo somos japoneses y es inevitable que gran parte de las antiguas tradiciones estén en nuestra estética. Una de las grandes diferencias con respecto a Occidente es el grosor de los muros, porque mientras en el mundo occidental se utilizaba la piedra, en Japón se empleaba la madera. En mi país, las separaciones son finísimas y casi inexistentes, como en nuestra arquitectura. Para nosotros, como sucede en el concepto de belleza oriental, es muy importante destacar en un edificio el placer de los detalles simples. En eso, cualquier hábito cotidiano influye. Por ejemplo, la forma de comer es mucho más suave en Japón: los pasteles de Occidente tienen un sabor extremadamente dulce, las sopas son muy cremosas, mientras que, en Japón, un caldo es un poco de agua con algo sencillo y la textura es casi transparente. O la ropa, mientras en Japón el quimono, o incluso las colecciones de diseñadores contemporáneos, son creaciones casi rectas para esconder el cuerpo, en Europa se diseña la ropa muy ceñida, dejando ver todas las formas de cuerpo. La tradición japonesa también destaca la importancia de hablar en voz baja, o incluso el uso del silencio, para comunicar cosas importantes. Todo ello se traduce en una estética arquitectónica aparentemente simple y transparente opuesta al ruido tecnológico. Y, sin embargo, utilizamos la tecnología más puntera. Pero no es nunca obvia.”
Obra-diagrama. Pocas veces se podrá ver una traslación tan literal de un pensamiento en materia. La primera vez que vi este proyecto no me sorprendió, tenía la sensación de haberlo visto (o imaginado). Era como si Sejima ya nos hubiese preparado la cabeza antes de que produjera esta obra. Las escenas que se suceden a lo largo de la vivienda se reproducen en su obra con asiduidad (léase escena, no imagen). Una experimentación con los umbrales mínimos y su interacción con lo que los rodea. Un “espacio textura” en el sentido de que te arropa, lo sientes tuyo… lo tocas con todos los sentidos menos con el tacto. Espacios asépticos (¿sin historia o pasado?) que se redefinen en cada persona según su estado de ánimo y según la climatología del lugar. Aunque Sejima comenta que antes estaba interesada en un espacio-parque, la posibilidad de la intimidad dentro de lo colectivo… no veo indicios de que esta premisa se haya evaporado en este proyecto… más bien parece que se ha exhacervado (¿o refinado?)
En historias de casas podréis ver una visión más personal del proyecto. Visita más que recomendada por la visión conjunta que nos ofrecen de la obra. Tanto del cliente como del arquitecto y cómo de esa interacción surge la respuesta al problema arquitectónico.
Sólo una pega (pequeña) a lo que nos cuentan: “El uso de tan pequeña superficie se aprovechó al máximo construyendo la estructura de la casa con tabiquería de acero, lo que reduce el espesor de las paredes exteriores a un grosor de 50 mm y las interiores a 16 mm”
No creo que el aprovechamiento viniera dado por el material, sino por el concepto de espacio continuo, común y a la vez fragmentado que propone Sejima. Es evidente que esta solución está concatenada con la estructura “de papel” adoptada, pero es importante marcar el proceso proyectual. La soluución no surge de una experimentación del material sino de una experimentación espacial.
Fuentes de entrevistas a Sejima:
Cristina Carrillo de Alborno para XLSemanal
Agustín Perez Rubio para el Musac
[Maqueta presente en la exposición de SANAA en el Musac]
La autora comenta:
“Tanto Moriyama House como Plum Grove House (casa en un huerto de ciruelos) son proyectos muy particulares, y es muy difícil sacar conclusiones generales de ellas. Estoy interesada en la creación de los límites. Empecé hace veinte años y siempre intento hacer tipos diferentes de límites. A veces utilizo espacios intersticiales que rodean el edificio, en el caso del onishi se establecen diferentes relaciones con el paisaje y con el edificio contorneado dependiendo de dónde te encuentres. El espacio ofrece así sensaciones diferentes, a veces te sitúas aquí y puedes sentir que estás casi implicado en el otro lado. Me gusta pensar en los límites en todos los proyectos, no en límites sólidos sino en las conexiones.”
“Esa actitud reposada y sencilla está en mi arquitectura, pero es igual de importante para mí que posea fuerza. No al estilo Frank Gehry, imponiéndose, sino de una forma más sutil y atrevida; más personal. Creando atmósferas llenas de sensaciones intensas. El objetivo de mi arquitectura es proporcionar a cada individuo su espacio autónomo. Mi idea de la belleza está en los detalles que generalmente se pasan por alto, en lo apenas visible”
“Me gusta jugar con la luz y las sombras; es un elemento arquitectónico como cualquier otro, pero eso no implica que el objetivo de mi arquitectura sea buscar la luz ni la ligereza. Lo importante para mí es conseguir una gran libertad de movimiento, una comunicación fluida entre interior y exterior. Y a la vez, una fuerte intimidad.”
“Nunca pienso si lo que hago es japonés o no, pero mi socio y yo somos japoneses y es inevitable que gran parte de las antiguas tradiciones estén en nuestra estética. Una de las grandes diferencias con respecto a Occidente es el grosor de los muros, porque mientras en el mundo occidental se utilizaba la piedra, en Japón se empleaba la madera. En mi país, las separaciones son finísimas y casi inexistentes, como en nuestra arquitectura. Para nosotros, como sucede en el concepto de belleza oriental, es muy importante destacar en un edificio el placer de los detalles simples. En eso, cualquier hábito cotidiano influye. Por ejemplo, la forma de comer es mucho más suave en Japón: los pasteles de Occidente tienen un sabor extremadamente dulce, las sopas son muy cremosas, mientras que, en Japón, un caldo es un poco de agua con algo sencillo y la textura es casi transparente. O la ropa, mientras en Japón el quimono, o incluso las colecciones de diseñadores contemporáneos, son creaciones casi rectas para esconder el cuerpo, en Europa se diseña la ropa muy ceñida, dejando ver todas las formas de cuerpo. La tradición japonesa también destaca la importancia de hablar en voz baja, o incluso el uso del silencio, para comunicar cosas importantes. Todo ello se traduce en una estética arquitectónica aparentemente simple y transparente opuesta al ruido tecnológico. Y, sin embargo, utilizamos la tecnología más puntera. Pero no es nunca obvia.”
Obra-diagrama. Pocas veces se podrá ver una traslación tan literal de un pensamiento en materia. La primera vez que vi este proyecto no me sorprendió, tenía la sensación de haberlo visto (o imaginado). Era como si Sejima ya nos hubiese preparado la cabeza antes de que produjera esta obra. Las escenas que se suceden a lo largo de la vivienda se reproducen en su obra con asiduidad (léase escena, no imagen). Una experimentación con los umbrales mínimos y su interacción con lo que los rodea. Un “espacio textura” en el sentido de que te arropa, lo sientes tuyo… lo tocas con todos los sentidos menos con el tacto. Espacios asépticos (¿sin historia o pasado?) que se redefinen en cada persona según su estado de ánimo y según la climatología del lugar. Aunque Sejima comenta que antes estaba interesada en un espacio-parque, la posibilidad de la intimidad dentro de lo colectivo… no veo indicios de que esta premisa se haya evaporado en este proyecto… más bien parece que se ha exhacervado (¿o refinado?)
En historias de casas podréis ver una visión más personal del proyecto. Visita más que recomendada por la visión conjunta que nos ofrecen de la obra. Tanto del cliente como del arquitecto y cómo de esa interacción surge la respuesta al problema arquitectónico.
Sólo una pega (pequeña) a lo que nos cuentan: “El uso de tan pequeña superficie se aprovechó al máximo construyendo la estructura de la casa con tabiquería de acero, lo que reduce el espesor de las paredes exteriores a un grosor de 50 mm y las interiores a 16 mm”
No creo que el aprovechamiento viniera dado por el material, sino por el concepto de espacio continuo, común y a la vez fragmentado que propone Sejima. Es evidente que esta solución está concatenada con la estructura “de papel” adoptada, pero es importante marcar el proceso proyectual. La soluución no surge de una experimentación del material sino de una experimentación espacial.
Fuentes de entrevistas a Sejima:
Cristina Carrillo de Alborno para XLSemanal
Agustín Perez Rubio para el Musac
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